FermaDreX: ¿Quién es el Creador?
¡Qué onda, fermentador! Si estás aquí, es porque te picó la curiosidad de saber quién diantres está detrás de FermaDreX. Y te entiendo, uno no le entrega su confianza intestinal a cualquiera. Así que, sin más preámbulos, aquí te va la historia de cómo un ingeniero civil de Durango, México, terminó con las manos metidas hasta el codo en frascos burbujeantes.
Mi nombre es César Chairez, y si me hubieras preguntado hace unos años, te habría dicho que mis intereses se centraban en la resistencia de materiales y en cómo una viga de acero no se cae (la verdad, sigo con eso, pero ahora también me obsesiona cómo una bacteria hace su magia). La realidad es que, de chavito y adolescente, mi relación con la comida era más bien “comer para vivir” y poco más. ¿Salud intestinal? ¡Pffft! Eso era para mis abuelos. Uno a esa edad cree que es inmortal y que el cuerpo se lo resuelve todo.
La epifanía llegó en la universidad. Entre tanta ingeniería, empecé a cachar que mi cuerpo, al igual que una buena estructura, necesitaba cimientos sólidos. Hacía calistenia en “las barras” del plantel, leía de vitaminas, de si la creatina te hacía volar o la proteína te convertía en Hulk. Pero el intestino… ese gran olvidado. Hasta que un día, googleando (porque así empiezan todas las buenas historias, ¿no?), di con una palabreja: probióticos. Y la promesa de una flora intestinal feliz. ¡Vaya novedad! Así que, como buen ingeniero que soy, empecé con lo más obvio: cápsulas y, claro, el legendario Yakult.
Pero la curiosidad es un bicho fermentador, y una cosa llevó a la otra. De los probióticos encapsulados, salté al universo vivo de los alimentos fermentados. ¡Y ahí sí que no hay vuelta atrás! Empecé con el kéfir de leche, luego el de agua, después me atreví con la hidromiel (sí, ya sé, mis fines de semana se volvieron mucho más interesantes), la cerveza de jengibre, la kombucha, y obvio, la masa madre me terminó de atrapar. Fue como descubrir que ya bailaba salsa sin saber que existía el “paso básico”. Me di cuenta de que llevaba años comiendo tepache, jocoque o yogur, ¡sin saber que eran el club de los fermentados!
Y, claro, en este mundo hay de todo: desde historias de curaciones milagrosas (¡cuidado con eso!) hasta advertencias apocalípticas sobre contaminación (que sí hay que tomar en serio, pero sin paranoia). Mitos, verdades a medias, exageraciones… Es un relajo, la verdad. Por eso no me extraña que terminé metido en cada grupo de Facebook, WhatsApp, y cada canal de YouTube que oliera a probióticos, fermentos y encurtidos.
Después de años de investigar, leer, probar y, sí, a veces matar mis fermentos, me di cuenta de algo: la gente tenía las mismas dudas una y otra vez. Ahí estaba yo, de respondedor oficial en los comentarios, como un oráculo de la fermentación, repitiendo las mismas respuestas, desmintiendo los mismos mitos. Y dije: “¡Ya basta! Mi tiempo es oro, y mis fermentos me esperan.” Tenía algo de experiencia armando blogs chafas en Blogspot, así que decidí dar el salto a algo más pro.
Este sitio, FermaDreX, nace de esa necesidad. Es mi humilde (y bien documentada) aportación para que no tengas que picarle tanto y caer en el mismo error que ya muchos cometieron. Aquí pretendo condensar todo lo que he aprendido para que tu viaje por el mundo de la fermentación sea más sencillo, seguro y, sobre todo, ¡delicioso! Quiero tomarte de la mano y llevarte por el buen camino fermentado.
Así que, bienvenido a esta comunidad. ¡Espero que disfrutes tanto como yo este viaje burbujeante! ¿Y tú, cuál fue tu primer fermento casero? ¡Cuéntame en los comentarios!